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APETITOH (2)

Ahora que apenas quedan tres clases para terminar mi curso de cocina de dos años de duración en la que siempre será MI escuela de cocina en Madrid, Apetit-oh, ahora que echo la vista atrás y se me caen lágrimas como puñales al recordar estas primeras clases de novatos, las cenas en la mesa comunal acompañadas de un vinito y este segundo (y más corto pero más especial) curso de avanzados, puedo desvelar el secreto y recomendarle este fantástico lugar a todos aquellos que no lo conozcan o que estén pensando en iniciarse (o perfeccionarse) en esto del arte entre fogones. Y otro secreto a voces: aunque ahora me codee con lo más it, chic, cool, in y trendy del panorama gastronómico actual y ladee la cabeza con gesto severo ante una tapa de Albert Adriá, he de reconocer que a principios del pasado año 2012 yo no había cogido una sartén en mi vida y tenía una relación más fluida y habitual con el chino con casco de motorista que con mi pareja.

La experiencia ha sido tan positiva, que por descontado es el lugar con el que tengo un vínculo más estrecho de todos los que han aparecido en mi Blog. Hoy mi profesora, Concha, me decía… hija, a ver que escribes de nosotras… ¿pues qué voy a escribir, buena mujer? que me habéis cambiado la vida, que me habéis hecho madurar a pasos agigantados, que me habéis convertido en una jovencita más autónoma, con mejor paladar y más enamorada del buen comer… ¿qué más os puedo pedir?

Sentimentalismos aparte (aunque ahora vea el fin tan cerca y me tiemble el labio inferior en un amago de pucheros), os contaré brevemente qué es Apetit-oh y qué podéis encontrar en este lugar lleno de encanto situado en la calle Garibay 6 (al ladito de Pacífico y Conde de Casal).

Como os comentaba, a principios del año pasado yo era un auténtico desastre doméstico y un poco “milindres”. Ahora cocinar está de moda y son pocos los que no saben freírse un huevo, pero ah, amigos… todos tuvimos un comienzo y yo también había impuesto una orden de alejamiento contra la sartén de aceite caliente. Decidí que eso tenía que acabar, ya que sin vistas a irme de casa de mis padres (que aquí se está muy agustico, oigan), necesitaba acabar con ese miedo irracional y sobre todo notarme más madura, independiente y en definitiva, dar un paso para llegar a ser “mejor partido”. Mi madre ya había intentado en vano enseñarme a cocinar a modo supervivencia pero durante sus explicaciones siempre acababa dibujando los ingredientes y el modus operandi, sin quedarme con la copla. Además, cuando la santa mujer tenía que marcharse de vacaciones, me preparaba todo con semanas de antelación y mi nevera llena de restos, tuppers y bolsas de congelación resultaba más grotesca que la de Leatherface. Total, que esta decisión fue toda una revelación en mi familia, y como en todo lo que emprendo, puse sudor y sangre, mucho empeño y mucha pasión (a mediados de curso gané el concurso de tapas de la escuela).

Apetit-oh es un taller de cocina, que surge como un precioso proyecto común entre madre e hija, Concha Vicente (profesora y chef) y Ruth de los Santos (encantadora figura omnipresente que se encarga de que todo funcione como un reloj suizo). Elegí este lugar porque buscaba una escuela de ambiente hogareño, informal, desenfadado y divertido. Tenía tanto miedo a mi iniciación en la cocina que lo último que quería es pasar más tensión que en el bautizo de un gremlin y sobre todo no sentirme observada y examinada. Y para qué negarlo, lo económico de los cursos, que ahora hay que mirar por la pela. Me convenció la imagen de la escuela, cuya artífice y artista a la que admiro muchísimo es Alya Mark (Cartoon Cooking), y que transmitía todo eso que estaba buscando en aquel momento.

Concha tenía ya una larga carrera en el mundo de la restauración, aprendiendo de forma multidisciplinar y desarrollando ideas originales para aplicar en su entrañable proyecto profesional. Buena cocinera pero mejor maestra, explica maravillosamente cuatro platos de manera simultánea en sus clases de principiantes y avanzados, respondiendo a todas tus dudas, haciéndote sentir muy cómoda e intercalando puntazos de humor para echarnos unas risas y romper el hielo. En mi primera clase lo único que me hizo llorar fue la cebolla. El flechazo con la didáctica de Concha fue instantánea y enseguida me enganché a las clases, en las que se cocinan un entrante, primero, segundo y postre, y después de meter las manos en la masa, se degustan, evalúan y critican durante la cena. Los chatos de apetit-oh al lado del ventanal son ya un clásico de la Villa de Vallecas, y se está tan agustito y tan relajado que muchas veces nos hemos sentido tentados de echar un mus y proseguir con un licor de hierbas para bajar la cena.

Los cursos de novatos y avanzados son los denominados cursos “largos”. El primero es de mayor duración y aprendes recetas vistosas y pintonas, pero sobre todo esos platos de base tradicional que hay que saber sí o sí: tus lentejitas, tu pollo asado y la paellita. El segundo sirve para bajarle los humos a aquellos que, como dicen en mi barrio, se creen bombón y no llegan a lacasito. Concha te enseña recetas muy elaboradas y originales, salsas y guarniciones muy especiales, que requieren de unos conocimientos sólidos y cierta técnica.

Diariamente, se ofrecen talleres cuya duración depende de la complejidad del curso. Hay mini talleres de unas pocas horas (de croquetas, ensaladas, salsas, tapas y pinchos…) Y talleres más serios, de rollo exótico (cocina thai, japonesa caliente, callejera asiática, con algas…), de rollo cuqui (taller de brunch, de repostería francesa, checa o sueca, de pan, macarons, eclairs y petit choux…) o más contundentes (guisos de la abuela, pasta fresca, arroces y risottos…).

Además se organizan mensualmente talleres para disfrutar con los más peques; uno de los más relevantes es el de galletas, que imparte Daniel Martínez, foodie y blogger de El Monstruo de las Galletas, que me rechifla. Y es que algunos de los cursos están impartidos por reconocidos cocineros, periodistas grastronómicos y afamados bloggers (El Comidista, Tapas&Blogs, Juan Pozuelo…). Y todo un detalle, el curso llamado “celíacos pero contentos” (Ruth es una de las más incansables activistas a favor del disfrute de los intolerantes al gluten). En verano, además, la escuela organiza el Chef Camp para cuando os hartéis de los críos. Se los llevan una semanita y llegan asalvajados y con grandes dotes culinarias… ¡todo son ventajas!

Algunos dirán que las instalaciones son chiquititas y hay poca infraestructura. Pero creo sinceramente que esto es lo que otorga a Apetit-oh ese ambiente tan encantador y familiar. Y porque creo que para cocinar sólo hace falta un fuego, ganas, ilusión y curiosidad. Y en esta escuela hay tres fuegos pero un buenrollismo que más quisieran otras. Yo llegué más perdida que Marco en el día de la madre, y gracias a que Concha me obligo a dejarme de estupideces y pijeríos, a meter las manos en la masa, a cortar en brunoise y en mirepoix con cuchillo jamonero, a limpiar sepia y a blanquear yemas y/o exprimir naranjas manualmente (¡¡!!) me he convertido en la chicarrona foodie, cocinillas y gastrónoma que soy hoy en día.

Os recomiendo cien por cien este lugar, bien si queréis aprender nuevas técnicas o aprender sin más; si queréis sorprender a alguien regalándole y curso o taller, o simplemente si queréis pasar un rato diferente. Y no sólo eso, puedes reservar el espacio para hacer tus propios eventos con comidita rica incluida, encargar un cátering y celebrar todo tipo de cosas (cumples, cenas de empresa, despedidas de soltera y de casada…). Fíjate, yo que me pensaba que en mi despedida acabaría con un miembro en la cabeza y con un stripper… he decidido que lo celebraré entre fogones, y no lo que rima. Y ahora en serio y con la mano en el corazón: este lugar es una maravilla, y un tesoro por descubrir. Palabrita de mantonera.

Gracias a Concha por su paciencia infinita, por tratarme con ese cariño y esa generosidad. A Ruth por ser tan apañada y atenta siempre, por encargarme ese fantástico mural que es un orgullo para mi. A Jeny por su impagable labor, sin ella las clases acabarían pareciéndose a la guerra de Vietnam. Y sobre todo a mis compañeros, por esas risas, durante y después de las clases., por cuidarme tan bien. A todos, pero especialmente a Laura, Javi y Carlos. Os llevaré grabados a fuego (lento) en mi corazón.

Enlaces de interés:

Web de la escuela

Blog

10 Respuestas a “Escuela de cocina Apetit-Oh”

  1. Cósima dice:

    ¡Cuanto tiempo sin saber nada de tí! Me ha encantado tu post. Genial. Tus ilustraciones son super auténticas. Además, te echaba de menos. Tomo nota de la escuela. Bienvenida al mundo de los cocinillas. Yo en casa ya tengo una aprendiz con mi hija y compartirlo con ella es lo mejor. Besos.

  2. Me vas a hacer llorar Mónica…qué post más emotivo, bonito, y sincero. No conozco la escuela pero he oído hablar maravillas sobre ella…ahora mismo miro los cursos que ofertan a ver a cual me apunto!!!!ENHORABUENA por la ilustración!!!

  3. Ruth dice:

    Nos hemos quedado sin palabras! Gracias a ti por haber venido, apoyado, aprendido y disfrutado con nosotras este tiempo. Para nosotras alumnos como tú forman ya parte de nuestra familia apetitosa para siempre. Cuando se trata de proyectos tan familiares y personales como el nuestro, una de las mejoras cosas es encontrar a gente como tú en el camino que nos dan más fuerzas para seguir!!!
    Eres un amor de persona, y todo lo bueno que te está pasando lo mereces y esperamos que vengan más cosas buenas!!!! Besotes!!

  4. Yulia dice:

    Que bonita entrada!! Conozco la escuela y la verdad es que Concha y Ruth son una maravilla en general y son muy buenas personas.

    Me has dado unas ganas enormes de apuntarme a cocina para novatos, así que me lo pensaré seriamente porque tiene una pita estupenda :)

    Ahh y muchas felicidades por haber aprendido tan bien, que eso también tiene mucho merito ;)

    Un saludo
    Yulia

  5. Maria dice:

    Una ilustración superba, la que no se vea reflejada en ella en algún momento de su vida es que tiene algo que esconder. Yo huelo los culos del melón, de sobar el pan ni hablar, a la cata de vino no me apunto por no caer borracha, tengo todo el arsenal para hacer cupcakes y macarons pero ne me atrevo porque todavía no he probado ni uno… y si luego no me gustan????
    Desconocía esta escuela, y siempre he tenido el gusanillo de mejorar mis artes culinarias. A lo mejor algún día… cuando regrese a Madrid, que hoy en día me pilla lejos.

  6. jeny dice:

    por fin e podido leer detenidamente todas las cosas buenas ke has dicho de Apetitoh ,una vez mas gracias por todo, gracias por haber hecho de apetitoh tu segundo hogar,ke sepas ke las puertas de apetitoh siempre estaran abiertas para cuando kieras volver
    Felicidades por tu blog es fantastico

  7. Rosana dice:

    Muy bonito lo que has escrito, se nota que le has puesto corazón.
    Si estuviera en Madrid, fijo que iba a esa escuela.
    Acabo de descubrir tu página y no la voy a soltar.
    Un beso.
    Rosana.

    .http://cincuenta-y.blogspot.com.es/

  8. carla dice:

    Pásate por mi blog, que tengo una sorpresa sobre el tuyo en él!!
    http://vistemelentoquetengoprisa.blogspot.com.es/2013/02/va-por-ustedes.html

  9. La Mujer 2.0 dice:

    Tienes una web super curiosa! Me ha encantado =)

    Un besito desde

    http://lamujerdospuntocero.blogspot.com.es/

  10. Este es una de tus ilustraciones que más me han gustado porque eres tú y estás guapísima en todas tus miniyos jajaja

    Sigue así! Haces un trabajo espectacular!

    Un ArnyFan de la mantonera mayor!
    Un ArnyBeso enorme!

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